Lecciones de la huelga de UPS de 1997

Bill Leumer

A Spanish translation of Lessons of the 1997 Teamsters Strike at UPS.

En 1997, Ron Carey, Presidente del International Brotherhood of Temaster (IBT), sindicato de camioneros, dirigía un sindicato que consiguió una victoria arrolladora contra United Parcel Service (UPS) en una huelga militante, lograron arrancar concesiones valoradas en unos 1.000 millones de dólares y un contrato que duraba cinco años. El sindicato calculó que el valor real de las conquistas, a costa de los beneficios de UPS, alcanzó los 5.000 millones de dólares. Sobre todo hay que destacar que esta conquista monumental se consiguió en medio de un contexto de luchas y derrotas devastadoras de la clase obrera a nivel nacional, los trabajadores perdieron terreno frente a unas empresas cuyos beneficios no dejaban de aumentar. Ocurrió en un momento en que la mayoría de los dirigentes sindicales defendían la idea de que “las huelgas ya no son útiles”.

Este artículo analiza los componentes clave de esta victoria crucial de los Teamster. Explica los antecedentes que llevaron a la huelga de 1997 y se centra también en la dinámica de la propia huelga, que servirá para extraer lecciones muy valiosas para las luchas actuales. Como veremos, la conclusión ineludible es que las huelgas siguen siendo el arma más eficaz de los trabajadores cuando se trata de defender y mejorar sus condiciones de vida frente a los intentos despiadados de las empresas de reducirlas.

Después de décadas de corrupción entre las filas superiores del sindicato Teamster, el gobierno norteamericano presentó a estos dirigentes sindicales, que supuestamente habían violado las leyes federales contra el crimen organizado, una oferta que no podía rechazar. El gobierno les permitió firmar un “decreto consentido” que les eximía de la acusación, pero con la condición de que la militancia del sindicato tuviera garantizado, por primera vez en la historia del sindicato, el derecho a elegir directamente a la dirección del sindicato. Este acuerdo fue visto por muchos, incluido el Teamster for a Democratic Union (TDU), Teamster por un Sindicato Democrático, como un paso adelante para la limpieza del sindicato de todos los elementos corruptos y criminales, abría la puerta a la militancia y al control del sindicato. (El TDU era una comisión dentro del sindicato que durante décadas defendió la democracia dentro del sindicato).

Como resultado de este “decreto consentido” se celebraron elecciones en 1991. Ron Carey, el representante del Local 804 y antiguo trabajador de UPS, fue elegido presidente del sindicato, además recibió el apoyo del TCU aunque él no pertenecía a esta comisión. Carey se presentó contra dos candidatos de la “vieja guardia”, como llamaban los militantes a los seguidores del anterior régimen corrupto. A pesar de la corrupción, o quizás debido a ella, estos candidatos de la “vieja guardia” consiguieron el apoyo de la mayoría de los dirigentes sindicales locales de todo el país, además del apoyo de la patronal con la que colaboraban. Pero finalmente Carey consiguió ganar las elecciones.

La campaña de Carey no sólo defendía el final de la corrupción y un sindicato democrático, lo más importante es que se oponía a los contratos reducidos, rechazando así la practica oficial de la vieja dirección que restringía las reivindicaciones de los trabajadores a lo que podían ofrecer los empresarios. Como solía decir Carey con frecuencia, quería que el sindicato “fuera una fuerza de lucha para los trabajadores” y, de este modo, la democracia sindical era vista como algo concreto, no sólo como una cuestión abstracta de moralidad.

Esta política era una señal clara de que Carey rechazaba la noción de que el sindicato y los empresarios eran algo parecido a socios, como si fuera una comunidad de intereses compartidos. Y envió a la base el siguiente mensaje, si era elegido, Carey movilizaría a la militancia para enfrentarse a las empresas y acabar con esta tendencia. Nada de esto era sorprendente, Carey, al frente de su sindicato local, se opuso a la policía de la burocracia y convocó huelgas contra UPS, consiguiendo conquistas significativas para los militantes. También defendía la elección de piquetes de todos los sindicatos, una rareza tanto entonces como ahora. Carey estaba convencido de que esta política era la única manera que tenían los militantes para conseguir cosas, y le permitió ganarse el respeto y la lealtad de los 7.000 militantes de su agrupación local de Teamster de Nueva York.

La primera huelga de UPS

Carey pronto cumplió sus promesas. En 1994, varios meses después de que se firmara un acuerdo con UPS, la empresa unilateralmente lo rescindió, violando así el acuerdo que acababa de firmar, quería aumentar el peso de la carga que podían levantar los trabajadores, de 70 a 150 libras. La respuesta del sindicato fue discutir este cambio, pero UPS se negó. Tanto pronto como el sindicato supo que se exigía a los trabajadores cambiar el peso, Carey convocó una huelga nacional contra la empresa.

UPS inmediatamente recurrió a los tribunales, que por regla general siempre decidían a favor de los empresarios, y consiguió un mandamiento judicial contra la huelga. A pesar de la ilegalidad de la huelga, Carey insistió y los trabajadores de UPS se negaron a regresar al trabajo. Este desafío al sistema legal capitalista no se había visto en el movimiento obrero desde 1978, cuando el United Mine Workers (sindicato minero) desafío un mandato judicial. La huelga contra UPS no duró más de 24 horas. La empresa capituló y firmó un acuerdo con el sindicato mediante el cual daba marcha atrás en su intención de aumentar la carga.

Esta huelga se hizo en medio de una enorme adversidad. La mayoría de los dirigentes locales del sindicato, debido a su alianza con la “vieja guardia”, ordenaron a sus militantes regresar al trabajo y desafiar a Carey. Un ejemplo típico de esta traición llegó de William A. Moore, el dirigente del IBT Local 696, que dio las siguientes instrucciones a sus militantes: “Os digo en términos nada indecisos que vosotros y esta agrupación, bajo ninguna circunstancia, violará la orden judicial”. De los 165.000 trabajadores de UPS, 70.000 fueron a la huelga, lo suficiente para que UPS retrocediera.

Además, los dirigentes del AFL-CIO no movieron un solo dedo para apoyar la huelga. Su silencio, no obstante, anunciaba alto y claro que no iban a cambiar su orientación de colaboración con las empresas, aunque esta colaboración fuera a costa de sus militantes.

La huelga paralizó los camiones de la empresa. Al romper la política de colaboración con la empresa, Carey demostró a todos los que habían participado en las huelgas que este método era el arma más efectiva en el arsenal de los trabajadores. Aquellos que defendían que las huelgas ya no tenían sentido estaban más preocupados por los beneficios de sus empresarios que por el bienestar de los trabajadores.

La huelga de transporte de mercancías de 1994

El segundo desafío importante al que se enfrentó Carey antes de 1997 fueron las empresas de transporte por carretera, que colectivamente negociaban un solo convenio.

La patronal creía que la situación estaba madura para actuar. Cuando el gobierno estadounidense impuso el “decreto consentido” a los dirigentes de Teamster, se requería que el sindicato financiase las elecciones y el gobierno supervisaría el sindicato, los 40 millones de dólares salieron del fondo de huelga del sindicato. Los empresarios creían también que podían contar con el apoyo sólido de muchos dirigentes locales de la “vieja guardia”, como ocurrió en la huelga de un día de UPS. Este tipo de lealtad en el pasado se había traducido, entre 1977 y 1994, en un 21 por ciento de caída de los salarios para los camioneros. Consecuentemente, la patronal confiaba en conseguir una reducción importante del salario de los trabajadores fijos y el correspondiente aumento para los trabajadores temporales, que cobrarían la mitad del salario y con pocos o ningún beneficio.

Los conductores rechazaron esta propuesta y 70.000 fueron a la huelga. Pusieron piquetes en todas las empresas importantes de transportes de todo el país, para sorpresa de los empresarios que estaban acostumbrados a las huelgas simbólicas de la “vieja guardia”. Cuando las empresas de transporte de mercancías intentaron romper la huelga en Boston y el sur de California utilizando a la policía antidisturbios para que escoltara a los camiones conducidos por esquiroles, los huelguistas consiguieron vencer a la policía y echar a los esquiroles.

En ese momento, las empresas se dieron cuenta de que no trataban con el burócrata habitual, sabían muy bien que cuando los sindicatos eran utilizados como un instrumento de lucha, las huelgas militantes tienen el potencial de conseguir un apoyo masivo, a diferencia de las huelgas impostoras dirigidas por los burócratas sindicales. La dirección del sindicato con Carey a la cabeza, publicó un boletín de huelga diario para establecer un estrecho contacto con los huelguistas. Pero pronto se dieron cuenta de que la “vieja guardia” no distribuía el boletín a los huelguistas e incluso les pedía que aceptasen la oferta de la empresa. Entonces Carey defendió la creación de redes de base formadas no sólo por huelguistas, sino por todos los militantes del sindicato. Estas redes garantizaron la distribución del boletín y en la práctica actuaron como comités de huelga, organizando acciones de solidaridad en forma de asambleas de masas y manifestaciones con otros sindicatos y organizaciones comunitarias de todo el país. Esta táctica fue crucial para la efectividad de la huelga porque permitió a los huelguistas conseguir refuerzos de otros sectores para los piquetes. Carey superó a los dirigentes locales corruptos apelando a la base y de esta manera cambió la marea de la huelga de la derrota a la victoria.

Por primera vez en la memoria reciente, el Teamster fue capaz de enfrentarse a las empresas de carga y consiguió una victoria parcial. Derrotaron la principal exigencia empresarial de sustituir trabajo fijos por trabajadores temporales, de esta manera se ganaba seguridad en el empleo. En cambio perdieron en la cuestión de desviar algo de la carga hacia los ferrocarriles. Sobre todo, y lo más destacado, es que el sindicato salió de la huelga más fortalecido que antes. La militancia ganó confianza, en un artículo titulado: Los trabajadores comienzan a ganar, publicado en el New York Times, se decía: “Pero ocurrió una cosa divertida, cuando las empresas de transporte de mercancías del país con sindicatos decidieron ahorrar dinero y competir mejor con las empresas sin sindicatos, sustituyendo trabajo fijo por temporal, el sindicato de Teamster golpeó y consiguió una victoria parcial”.

La huelga de 1997 contra UPS no sólo fue una victoria, fue una aplastante victoria para la clase obrera estadounidense y, por tanto, ofrece lecciones muy valiosas para los trabajadores militantes hoy, con relación a la orientación estratégica como con las tácticas cotidianas. UPS es una empresa que está en la lista Fortune 500, así que es una de las empresas más rentables del país, antes de la huelga tenía un margen de beneficio de 1.115 millones de dólares. En 1992, la plantilla se dividió en trabajadores fijos y temporales, pero en 1996, los trabajadores a tiempo parcial habían aumentado un 61 por ciento y sólo cobraban entre 8 y 9 dólares la hora.

La empresa inició las negociaciones en 1996 con mucha confianza. Se había acostumbrado a los dirigentes sindicales corporativos, y aunque el nuevo presidente del sindicato, Ron Carey, era conocido por su militancia, UPS sabía que tenía aliados entre los dirigentes locales que pertenecían a la “vieja guardia”. La empresa también era consciente de que las arcas del sindicato estaban vacías, en parte porque Carey había dirigido varias huelgas y, en parte, debido a los gastos que implicó el “acuerdo consentido”, permitiendo al gobierno de EEUU supervisar al sindicato. UPS creía que el Teamster tendría dificultades para pagar los gastos de la huelga, 55 dólares semanales por huelguista de UPS.

Los representantes de UPS, teniendo en cuenta estos factores, iniciaron las negociaciones del convenció de una manera inflexible. Exigieron un contrato de siete años y “flexibilidad general”, un eufemismo que significa concesiones interminables. Querían sustituir más empleo fijo por temporal, reducir los días de vacaciones, eliminar empleos sindicales y abrir el paso a la subcontratación de conductores.

La preparación de la huelga

El Teamster también estaba dispuesto a jugar duro. En realidad, habían comenzado un año antes a dar los pasos necesarios para las negociaciones del convenio, preparados para un enfrentamiento serio. Por ejemplo, hicieron un sondeo entre la militancia y preguntaron cuales eran los problemas más importantes. Cuando la aplastante mayoría respondió que su principal preocupación era el número de contratos fijos, el Teamster lo convirtió en su principal reivindicación.

El Teamster también creó un Comité de Campaña para el Convenio, formado por 16 militantes, muchos de ellos eran trabajadores de UPS o lo habían sido. Se pidió la ayuda de voluntarios para la organización de la huelga. Durante los cinco meses anteriores a la terminación del convenio, este comité se puso en contacto con otros sindicatos y grupos comunitarios para pedir su apoyo, su grito de batalla era: “Nuestra lucha es la lucha de todos los trabajadores norteamericanos”. Este grito resonó en toda la clase obrera porque muchos trabajadores se habían convertido en trabajadores temporales y sufrían la caída de los niveles de vida. La dirección del Teamster también decía: “Si ganamos esta lucha, ayudamos a otros en su lucha”.

Otro paso más en la preparación de la lucha fue la celebración de una asamblea nacional extraordinaria de dirigentes locales de UPS Teamster, en ella se discutió y votó la estrategia de negociación. Lo más importante de todo es que comenzó a movilizar y unificar a todos los trabajadores, los mantenía informados constantemente de todos los acontecimientos y animaba a la base a participar activamente en la lucha, por ejemplo, mediante la creación de redes de base. Con estas tácticas la dirección y la militancia fue capaz de dar pasos adelante al unísono.

La huelga

En respuesta a las exigencias regresivas de UPS, el Teamster contraatacó, entre otras cosas, insistiendo en un aumento del empleo fijo y aumentos salariales mayores para los trabajadores temporales. UPS ofreció a cambio un plus de 3.060 dólares a todos los trabajadores fijos y 1.530 dólares a los temporales, si aceptaban la oferta final de la empresa que era idéntica a su propuesta original. En el mes de julio, el Teamster sometió a votación la huelga, el 95 por ciento votó a favor. UPS se dirigió a Carey y le pidió que concediera a la empresa una ampliación del convenio vigente. Carey se negó y UPS pidió que la huelga se notificase con diez días de antelación, esta propuesta también fue rechazada por el sindicato.

En la medianoche del 3 de agosto se inició la huelga. Los cuidadosos preparativos se tradujeron en la aparición inmediata de 1.700 piquetes por todo el país, paralizando los camiones de UPS. En los piquetes participaban activamente los militantes que contaban con el apoyo de sus aliados en otros sectores de la clase obrera, eran conscientes de que su triunfo dependía de que todos los camiones permaneciesen parados. El sindicato dejó claro que no permitiría que los mandatos judiciales del gobierno les paralizaran. Distribuían diariamente panfletos para informar a toda la militancia de lo que estaba ocurriendo, tanto en los piquetes como en las negociaciones.

Todavía la “vieja guardia” ocupaba puestos de dirección a nivel local e intentó sabotear la huelga negándose a distribuir los panfletos o rechazando la convocatoria de asambleas y reuniones. Querían presentar a Carey como el malo y así poder recuperar la dirección del sindicato en las próximas elecciones. Temían que si la militancia se activaba, se movilizaba e informaba, rápidamente les echarían de sus puestos porque era más que evidente su vinculación con la “vieja guardia”, los militantes comprenderían que seguían los pasos de los capitalistas y que sólo se dejaban guiar por sus propios intereses, no por los de la militancia. Jimmy Hoff Jr., actual presidente del Teamster y dirigente de la fracción de la “vieja guardia”, declaró que la huelga era “innecesaria” y que sólo pretendía desviar la atención de una acusación, sin demostrar, contra Carey de haber desviado fondos del sindicato para su campaña electoral de 1996.

Pero Carey no se amilanó ante esta traición. Anunció que si los dirigentes locales no aplicaban las decisiones políticas adoptadas de manera democrática, sus agrupaciones locales pasarían a manos de una gestora. Con esta medida, Carey hizo saber a UPS que no permitiría una “quinta columna” dentro del sindicato.

La huelga, en la que participaron el cien por cien de los trabajadores de Teamster UPS, duró sólo 15 días, en ese momento la empresa capituló. El periódico The Wall Street Journal entrevistó a ejecutivos de UPS y llegó a la conclusión de que: “Los ejecutivos de UPS juzgaron mal la fortaleza de la base y su fidelidad a Carey y el sindicato…”. El Teamster consiguió prácticamente todas sus reivindicaciones. Los mayores ganadores fueron los trabajadores temporales, UPS aceptó crear 10.000 nuevos empleos fijos. Mejoraron de manera significativa las pensiones, se pusieron límites a la subcontratación, los trabajadores fijos tendrían un aumento de 3,10 dólares la hora y los temporales 4,10 dólares. Además hubo otras conquistas significativas.

Lo que estaba en juego con la huelga

La huelga de Teamster no sólo defendía los niveles de vida de los trabajadores, el sindicato pasó a la ofensiva y arrancó una parte importante de los beneficios de la empresa. Al priorizar la causa de los trabajadores temporales, el sector más explotado, el Teamster recuperó el principio básico de todos los sindicatos: “Una ofensa a uno es una ofensa a todos”. Por esta razón, la huelga tuvo el potencial de abrir las compuertas de la confianza e inspirar a todos los trabajadores del país, como ocurrió con las victorias de los años treinta y cuarenta. Consiguió realinear las fuerzas entre la clase obrera y la clase capitalista, demostró que era una estrategia ganadora no sólo contra UPS, sino contra el gobierno que apoyaba a UPS y los medios de comunicación a su servicio. Esta huelga ser convirtió en un faro para toda la clase obrera porque además iba también dirigida contra la burocracia sindical que se había adaptado a la estrategia de la negociación. Desgraciadamente, después de la huelga de Teamster no hubo una recuperación de la lucha de clases, las razones las tendremos que tratar en otro artículo.

Lecciones de la huelga

Uno de los ingredientes cruciales de la victoria fue la relación orgánica que se estableció entre la dirección y la base. Los capitalistas extraen su poder de la propiedad de las grandes empresas, del apoyo que reciben del gobierno y de su control de los medios de comunicación. Los trabajadores conseguimos nuestro poder colectivo del hecho de que constituimos la gran mayoría de la población (así que una sociedad verdaderamente democrática debería corresponder con nuestros intereses) y nuestro trabajo es el que hace funcionar al país. Pero no somos capaces de ejercer este poder a menos que estemos organizados, unidos y actuemos de manera solidaria. Cuando lo conseguimos, somos imparables.

El Teamster se centró en la unión de la militancia y permitió que fuera ella la que decidiera las prioridades en la lucha. Además, al reducir la desunión dentro de sus filas, representada por los trabajadores fijos y los temporales, permitió fortalecer la posición de los trabajadores temporales. La militancia estuvo constantemente informada del conflicto y se la animó a ser una parte activa en la lucha. Al mismo tiempo, la dirección dejó claro a los militantes que estaba dispuesta a llegar hasta el final, tomó la iniciativa y movilizó a la militancia, la preparó para la batalla por adelantado. En determinado momento Carey se levantó de las negociaciones y se negó a sentarse hasta que UPS no estuviera dispuesta a ceder.

Además, utilizaron el arma más poderosa de los trabajadores: la huelga. Los burócratas sindicales hoy, acostumbrados a huelgas simbólicas con piquetes ridículos, sufren enormes pérdidas y tienen la desvergüenza de decir que son victorias. La huelga de Teamster fue auténtica, los piquetes paralizaron toda la actividad de la empresa, no permitieron que se cargara ningún camión y por tanto redujeron los márgenes de beneficio de la empresa a cero. Como la huelga en esencia es un acto de guerra contra un enemigo formidable, no se puede iniciar sin los preparativos necesarios, algo que sí hizo la dirección de Teamster antes de la huelga.

Otro de los factores fue el llamamiento a la opinión pública, que está formada arrolladoramente por trabajadores, para que apoyara su campaña. Al insistir en las condiciones de los trabajadores temporales, se ganaron la simpatía y el apoyo de la clase obrera en todas partes, algo esencial para elevar la moral de los trabajadores en huelga. Saber que no estás solo en una huelga es algo incalculable. La moral es un elemento crucial a la hora de determinar las posibilidades de victoria y puede llevar a la derrota en cualquier conflicto.

Conclusión

Durante décadas, los burócratas sindicales nos han dicho a los trabajadores que las huelgas ya no merecían la pena, que debemos establecer la cooperación con la empresa, que debemos recurrir al Partido Demócrata y que éste vendrá en nuestra ayuda. Estos mismos dirigentes sindicales no mencionan que con su estrategia sólo han conseguido reducir los niveles de vida de la clase obrera.

La huelga de UPS Teamster demostró que una huelga bien dirigida puede conseguir victorias importantes para los trabajadores. La relación entre los trabajadores y los patronos es una relación de poder. Consecuentemente, los trabajadores sólo pueden ejercer el tremendo poder que tienen a su disposición a través de la huelga, un poder que emana directamente del hecho de que los empresarios no pueden conseguir beneficios sin los trabajadores.

Estas lecciones son las que debe adoptar la nueva dirección sindical que inevitablemente surgirá cuando los trabajadores ya no estén dispuestos a tolerar más el declive de sus salarios y beneficios. Esta dirección, que constituirá una nueva dirección de izquierdas en el movimiento sindical, debe estar preparada para llevar a cabo una batalla independencia tanto de los republicanos como de los demócratas, los dos partidos están en la órbita de los capitalistas. Esta dirección sindical debe ser la base de un nuevo partido político, un partido obrero, que pueda representar los verdaderos intereses de la mayoría de la sociedad, la clase obrera. Una vez hecho esto, se abrirá una nueva época en la historia del movimiento obrero de este país.

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About the Author: Bill Leumer is a member of the International Brotherhood of Teamsters, Local 853 (ret.), former member of IBT Local 216 and was a pro-Carey TDU member. He is a writer for Workers Action and may be reached at sanfrancisco@workerscompass.org.