Los desempleados olvidados, un peligro creciente

Mark Vorpahl

Por Mark Vorpahl

En el teatro político exhibido el pasado mes de diciembre, donde la extensión de 13 meses del seguro de desempleo fue ligada para continuar el recorte de impuestos a los ricos, un tema significante fue dejado fuera del drama, aunque su impacto afecta directamente las vidas de millones. El tema es el destino de aquellos quienes ahora son conocidos como los 99ers.

Los 99ers son quienes no han podido encontrar un trabajo, aun cuando ellos han agotado todos sus beneficios de desempleo. El número de gente que solicita los subsidios de desempleo se elevó de noviembre del 2008 a mayo del 2009. Noventa y nueve semanas después, aquellos que aún están desempleados y agotaron su seguro de desempleo, habían desaparecido de las cifras oficiales del desempleo. Ellos no tienen más una red de seguridad social que les permita sobrevivir.

Sus números están escalonando y creciendo continuamente, y su situación desesperada afecta a todos los norteamericanos de la clase obrera —empleados y desempleados. El hecho de que millones de 99ers fueran dejados al desamparo el pasado mes de diciembre, mientras que al uno por ciento más rico se les permitía centenares de miles de millones de dólares en alivios de impuesto, dice mucho sobre las prioridades de quienes establecen la política en este país y las voces que ellos escuchan.

El desempleo a largo plazo fue un problema muy pronunciado en la Gran Recesión. Aquellos que han estado sin trabajo por más de seis meses componen un 45.9 por ciento de todos los desempleados. Quienes han estado sin empleo por más de un año componen el 23 por ciento. La situación no está mejorando. Por cada trabajo aun hay un mínimo de cinco trabajadores que compiten para conseguirlo. Según el pronóstico ampliado de la Reserva Federal, el índice de desempleo en el 2011 no bajará del nueve por ciento, y en el 2012 permanecerá en el ocho por ciento o más —aunque la cifra real será muy superior, por supuesto.

Esta triste perspectiva es más difícil para los 99ers puesto que, con frecuencia, los empleadores usan un largo período de desempleo como una razón para no emplear a trabajadores. Se ha estimado que hay más de dos millones de 99ers. Antes de finales del 2011, se espera que este número aumente en cuatro millones, con el mes pico para los beneficios de desempleo ocurriendo en abril.

Los peligros crecientes

Con el destino de muchos en el aire, estamos viendo el desarrollo de otra tormenta dentro del huracán de la Gran Recesión. Si se permite ignorarlo a una escala nacional, tendremos consecuencias destructivas para la sociedad en su totalidad.

Para los 99ers esto dará lugar a una dolorosa pobreza con poca esperanza de hallar una salida. Sus familias también sufrirán las consecuencias puesto que, según el Concilio de Consejeros Económicos del Presidente, el 40 por ciento de los desempleados a largo plazo son los únicos que proveen el ingreso económico para sus familias.

El recorte de muchos beneficios les lanzará encima otro obstáculo para la distante posibilidad de una recuperación económica. Esto está porque la gente desempleada coloca inmediatamente su dinero dentro de la economía para pagar cuentas y comprar las necesidades básicas, a diferencia de la élite económica que acaparan trillones de dólares en beneficios. Al cortar la capacidad de comprar para millones, habrá un efecto perjudicial en la creación de trabajo debido a que la demanda disminuye.

Todos los trabajadores serán afectados por la situación que enfrentan los 99ers. Lo qué estamos viendo es el potencial desarrollo de una nueva gran capa de desempleados permanentemente. Esta nueva capa será utilizada por las grandes empresas como amenaza para los que tengan trabajos, con el fin de reducirles sus salarios, degradar sus condiciones de trabajo, y desalentar la organización de sindicatos.

Las perspectivas de ayuda

Las circunstancias calamitosas de los 99ers y los problemas que esto crea para los trabajadores estadounidenses son demasiado masivas para ignorarlos totalmente. Hubo ciertas conversaciones en el Congreso sobre la extensión de los subsidios del desempleo para los 99ers. Esto es referido como añadir un Grado V a los beneficios de desempleo. Según la Representante Sheila Jackson Lee, un proyecto de ley para esto será discutido en el Congreso en marzo.

Sin embargo, la aprobación de tal proyecto a este punto es imposible. Al aprobar las reducciones de impuestos de Bush para los ricos, la mayoría del Congreso están ahora estrujando sus manos sobre el déficit que esta medida lo amplió enormemente. Mientras que siempre hay más dinero para Wall Street, cuando se trata de la gente común y los 99ers, los fondos necesarios son misteriosamente inasequibles.

Los trabajadores y los desempleados no pueden confiar en los políticos para conseguir el cambio que necesitamos. Podemos confiar solamente en nuestra propia fuerza colectiva. Es decir, necesitamos organizarnos y movilizarnos como fuerza unida, masiva, de gran alcance que no pueda ser ignorada por aquellos que intentan hacer más por Wall Street. La creación de los subsidios de desempleo sí mismo fue el resultado de un movimiento social en los años 30. Mirando la historia, podemos comenzar a ver un futuro esperanzador.

Los años 1930

Durante la Gran Depresión, la primera movilización por un alivio para los desempleados de parte del gobierno sucedió el 6 de marzo de 1930 en New York City. 500.000 salieron al desafío a pesar del tratamiento brutal que recibieron de los bastonazos de la policía. En octubre, se movilizaron ante el municipio de la ciudad otra vez y esta vez, a pesar de más golpizas y detenciones de la policía, ellos lograron que la ciudad concediera $1 millón en alivio adicional (unos $13 millones en términos de hoy).

Si los defensores del subsidio para los trabajadores hubieran limitado sus acciones a cabildear sus peticiones ante el gobierno de la ciudad para “hacer las cosas correctas”, ellos podían haber recibido un millón de promesas, pero no hubieran recibido ni diez centavos para los bolsillos de los desempleados. Por movilizarse de una manera masiva, los organizadores de estas demostraciones pusieron en acción un despliegue de energía colectiva que los políticos tuvieron que tomar en cuenta.

Este despliegue comenzó a ser repetido en innumerables ciudades a través del país así como a escala nacional. Las demostraciones de 100.000 no eran infrecuentes y a veces mucho más grandes. Centenares de consejos de desempleados fueron organizados para luchar con más eficacia por sus demandas. Con estos esfuerzos, el ambiente político que por años había sido dominado por Wall Street a expensas de los trabajadores, comenzaba a cambiar.

Aunque hubo victorias importantes, el alivio ganado seguía siendo una gota en el cubo comparado con la miseria extensa creada por la Gran Depresión. Por 1934, la táctica de las movilizaciones masivas ayudó a crear las condiciones y la organización para más acciones de gran alcance como paros masivos, plantones, y huelgas generales. La demanda por un alivio para el desempleo comenzó a ser combinada con las demandas para un total empleo, la consolidación de los derechos para sindicalizarse, y la creación de una red social de seguridad. Estas demandas ligaron los intereses de los empleados y los desempleados, y los resultados se vieron en las abultadas líneas de piquete y apoyos de la comunidad en los plantones. A través de la acción directa la masa de trabajadores desafío el poder de Wall Street y del establecimiento político que servía a sus intereses.

Fue este movimiento potencialmente revolucionario que forzó la mano del Presidente F.D. Roosevelt. En 1935, a través del Acta Nacional de Relaciones Laborales, él proporcionó el reconocimiento federal a la protección los derechos de los sindicatos, y el Acta de la Seguridad Social, que creó un subsidio de desempleo y formó la fundación de la red social de seguridad que tenemos hoy. Él también lanzó su Administración para el Progreso de los Trabajos, que empleó a millones de trabajadores y ayudó a construir la infraestructura del país.

Cuando Roosevelt asumió su cargo de presidente, él incluso no hizo ni la más remota alusión para tomar tales medidas de gran envergadura. Él no podía porque éstas medidas eran un costo para los beneficios de Wall Street —y Wall Street estaba organizado, los trabajadores no. Sin embargo, como resultado del movimiento de base más grande que esta nación ha visto jamás, Roosevelt fue obligado a hacer lo que él previamente había considerado imposible.

Como en los años 1930, hoy debemos organizarnos de una manera que cree la unidad entre los empleados y los desempleados. Para comenzar, podemos organizar las demostraciones más grandes posibles lideradas por los sindicatos para demostrar esta unidad en las calles. La educación y el compromiso por las demandas para el alivio económico de los 99ers y un programa de creación de trabajos financiados con el aumento de impuestos a Wall Street, ayudarían a reunir los números de manifestantes para hacer un enorme impacto. No debemos ser distraídos por quienes deseen diluir estas demandas argumentando que son imposibles, dado el clima político actual. Es el clima político el que debe ser cambiado y no sucederá a menos que los trabajadores se unan alrededor de sus propias necesidades y aspiraciones. La historia de los años 1930 demuestra que cuando los trabajadores ensamblan en un movimiento que representa sus propios intereses, lo qué se considera imposible se puede hacer posible.

Mark Vorpahl es un sindicalista y activista del Latin American Solidarity. Él puede ser contactado en: Portland@workerscompass.org.

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Mark Vorpahl is a unionist and anti-war activist and writer for Workers Action. He may be reached at portland@workerscompass.org